La oportunidad que la pandemia le dio a estos cerveceros artesanales de Catriel

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La cervecería "TOSH" le encontró la vuelta a la nueva normalidad. Empezaron a hacer botellitas primero y después latas para comercializar su producto. La cerveza se afianzó en la ciudad y las ventas aumentaron permitiéndoles pensar en más.


Diego Jatum es de Catriel. Como a muchos, el trabajo lo alejó de su ciudad natal por un tiempo y fue esa experiencia la que lo llevó a conocer el mundo cervecero y volver aquí para crear junto a su cuñado su propia fábrica: TOSH.

En 2015 comenzó a acercarse al mundo de la cerveza artesanal. Como la mayoría de nosotros, en un equipo de 20 litros, con recetas armadas por el vendedor, usando los bidones de agua como fermentadores y ocupando cada lugar de todas las heladeras permitidas. Y como a la mayoría de nosotros le pasó, la pasión no dejó de crecer.

“Empezamos a cocinar cerveza con mi cuñado, Juan Carlos Cocuzza, en 2015. Los dos vivíamos y trabajábamos en Fernández Oro y viajábamos los fines de semana a Catriel a visitar a nuestras familias y cocinar. Estar en el Valle me permitió aprender de y junto a cerveceros que hoy son muy reconocidos”, recuerda Diego.

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“Dos años después armamos nuestra primara fábrica en Catriel. Cuando te decidís a armar una fábrica te volvés electricista, durlero, pintor, de todo –ríe el cervecero-“. Y como lo que cuesta vale, esas instalaciones ya les permitieron pasar a cocciones de 300 litros, con fermentadores más grandes, mejoramiento de frío, y empezar a pensar en el futuro de la empresa. “Seguíamos tratando de ampliar, agrandarnos y extrañamente el año pasado, en la peor época de pandemia se nos dio la oportunidad”.

Dicen que las crisis empujan a cambios de modelo de negocios y ofrecen nuevas oportunidades. Así fue pata TOSH. “El año pasado los bares tuvieron que cerrar y nos quedamos con mucha cerveza en la cámara. Por eso empezamos a hacer botellitas primero y después latas”. La cerveza se afianzó en la ciudad y las ventas aumentaron permitiéndoles pensar en más.

“En agosto empezó la construcción del galpón más grande y sumamos más fermentadores. Fue también en ese momento en el que comencé a dedicarme cien por ciento a esto. Las tareas comenzaron a necesitar más mano de obra así que o tenía que contratar gente o renunciar y hacerlo yo”, recuerda.

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La cervecería vende entre 2.500 y 3.000 litros por mes en barriles, botellas y latas.


Esta decisión, y la suma de Eduardo Martinez como nuevo socio, les permite hoy en día continuar pensando en el crecimiento de TOSH: “Hoy estamos vendiendo entre 2.500 y 3.000 litros por mes en barriles, botellas y latas. Estamos en proceso de compra de más fermentadores para ampliar la producción, abrimos el growler y estamos armando un patio cervecero en el patio de la fábrica pensando en el verano”.

“Hoy la gente ya busca la variedad, las cosas nuevas, se vuelca a la cerveza artesanal, la prefiere, la elige. Y vemos que también nos eligen por ser de acá. Estamos bien. La intención es que la marca siga creciendo pero que nos elijan por la calidad. Para nosotros es una premisa la búsqueda de la mejora de la calidad. Y si la proyección es mayor, bienvenida sea, pero prefiero vender menos litros y no perder calidad. Es como una filosofía de la fábrica”.

Hoy tienen seis estilos fijos: Sünner (su versión de la suave Kölsh), Phillips (English Pale Ale), Carajo (una bien lupulada Session Ipa argenta), Dublin (Irish Red Ale) y Arthur (Dry Stout). A ellos suman estacionalmente otros estilos (para placer de los consumidores, es algo que a los cerveceros nos tienta más que demasiado y creo que nunca dejaremos de hacer).

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Pero además de cerveza, TOSH (empresa cuyo nombre se creó con las iniciales de los dos hijos de Diego y los dos de Juan Carlos) apuesta también a reforzar la cultura cervecera en la zona. “Tuve la suerte de conocer muchos cerveceros en el Valle y aprender muchas cosas. Una de las cuestiones que tiene la cultura cervecera es la de ayudar al cervecero casero. De ahí nació la asociación Cerveceros del Alto Valle de la cual fui creador y sigo siendo integrante. Y ya con la fábrica instalada, la idea es aprovechar la gente que pude conocer y empezar a hacer cosas con los cerveceros caseros de Catriel que me he encontrado que son muchos”, dice Diego.

En este sentido la primera actividad que organiza TOSH, y que muchos estamos esperando en la comarca, es un encuentro de cata dictado por Federico Franke de cerveza Kalevala, certificado como Juez BJCP, la biblia de estilos para los cerveceros artesanales.

“El proyecto es más que hacer cerveza –concluye Diego-. Difundir la cultura cervecera me parece algo fundamental porque eso hace que la gente exija mejor calidad y lo siento como que es dar una mano, devolver un poco de lo que me han ayudado en mis comienzos”.


Por Mariana Benitez (Diario Río Negro)

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