Guerra Rusia-Ucrania: cómo impactan las subas del gas y los alimentos en Argentina

Energia 06/03/2022
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La invasión rusa a Ucrania introdujo fuertes alteraciones al tablero económico mundial. A los altos y dolorosos costos en vidas, el conflicto ya impacta en el país de diversas formas. Los economistas creen, por ejemplo, que el encarecimiento del petróleo y el gas es inevitable y que los mayores costos se trasladarán a la Argentina. Con los alimentos ocurre lo mismo, aunque eso, por un lado, favorece a las exportaciones y por otro, le mete presión a los precios internos.


Esa dualidad se puede traducir en un caso concreto y cotidiano: un productor de trigo recibirá más dólares por su cosecha, pero el argentino promedio tendrá que pagar más por el pan. Las subas energéticas, por otra parte, profundizan el desbalance entre exportaciones e importaciones y se agrava el esquema de subsidiar las tarifas para el consumo.

Para analizar el nuevo y complejo escenario económico global y las principales variables que afectan al país, Clarín convocó a 6 economistas: Soledad Pérez Duhalde (Abeceb), Sebastián Menescaldi (Eco Go), Marcelo Elizondo (experto en comercio internacional), Andrés Borenstein (Econviews), Lorena Giorgio (Equilibra) y Guido Lorenzo (LCG). A continuación, una síntesis de sus principales conclusiones.


Mayores costos energéticos (gas y petróleo)


Pérez Duhalde: Ya antes de estallar el conflicto, se estimaba un incremento del déficit de balanza comercial energética en torno a unos US$2.500 millones. Con el nuevo salto, las importaciones energéticas arrimarán a los US$10.000 millones y el déficit comercial a los US$4.000 millones, lo que implica una mayor necesidad de divisas y subas significativas en los costos de la energía a nivel local. El otro impacto negativo se asocia a la mayor presión sobre subsidios.

Lorenzo: El gas licuado aumentará de precio. Esto toca a Argentina en dos nervios muy sensibles, justamente sobre la balanza energética y la cuenta de subsidios. A precios más altos, será difícil trasladar las subas a los usuarios sin un impacto negativo sobre el ingreso disponible que afecte a la recuperación. En caso de no trasladarlo, la convergencia fiscal será más difícil de alcanzar y las metas del programa con el FMI ahora lucen más desafiantes.

Menescaldi: La guerra provocó un fuerte ajuste de los precios de las materias primas energéticas con alzas de 25% para el petróleo y de más de 80% para los futuros de gas. En este contexto, el país tiene un saldo deficitario energético, que se vería profundizado a lo largo del año por la expectativa de crecimiento de la economía. A esto se suma la expectativa de una baja en la oferta de gas disponible de Bolivia, que debería ser compensado por un incremento de la oferta de GNL importado de mayor valor. Esta situación se vería parcialmente compensada por el incremento de las exportaciones de petróleo y de gas.

Elizondo: La suba del gas y el petróleo supera en relevancia al aumento de los commodities agropecuarios. La Argentina verá más que triplicados los precios que paga actualmente. Esto supone un problema cuádruple: cambiario (más dólares necesarios para pagar importaciones), productivo (si hay escasez de dólares, entonces los dólares que se usen para importar energía no están disponibles para importar insumos), fiscal (por los subsidios a la energía) y político (la negociación con el FMI por subsidios a las tarifas).

Giorgio: Aunque el impacto sobre los flujos comerciales no es inmediato, los precios sí se mueven rápidamente. Ya en el primer día de conflicto, el precio del gas en Europa saltó un 40%. Para la Argentina, es una muy mala noticia, considerando que tendremos que comprar importantes volúmenes de este producto para abastecer de gas a hogares y generadores de energía eléctrica este año. Las importaciones de GNL rondarían los US$6.500 millones este año, contra US$1.100 millones en 2021.

Borenstein: El aumento del costo de la energía puede ser un problema grande tanto para las cuentas fiscales como para el sector externo. Si los precios actuales de casi US$40 para el GNL se sostuvieran, la Argentina tendría que gastar unos US$5.000 millones más que difícilmente pueda pasar a tarifas. Eso es casi 1% del PBI y no es toda la cuenta del gas. En 2021 se importó gas y gas oil por alrededor de US$3.000 millones: esa cuenta puede dar US$8.000 millones.


Suba de los alimentos (trigo, maíz y soja)


Borenstein: Esta es la única parte positiva para la economía argentina. Si estos precios se mantuvieran, la cadena de oleaginosas y cereales podría inyectar más de US$40.000 millones al mercado contra los US$38.000 millones del año pasado. También habría un aumento de recaudación, aunque en este punto hay que ver cuánto de la cosecha próxima ya se declaró y por ende se pagó. Pero de manera conservadora se podría pensar que la recaudación aumentaría 0,2 o 0,3% del PBI.

Elizondo: Los commodities agrícolas suben. Pero ya estaban altos en 2021. El alza de precios en el agro es porcentualmente menor que en energía. Nosotros tuvimos problemas climáticos y la producción será menor en volumen. Por eso no aprovecharemos demasiado el alza respectiva. Y la Argentina tiene déficit de inversión para aprovechar estos ciclos. Cuando ocurren estas cosas aparece el reclamo: brecha cambiaria, retenciones, infraestructura limitada, dificultad de acceso a importaciones para producir.

Pérez Duhalde: El conflicto provocó una fuerte suba de los precios. Esto ocasionará un significativo incremento en las exportaciones totales de la Argentina que apuntan a unos US$81.000 millones en 2022, lejos de los pronósticos sombríos de fin de 2021 (US$75.000 millones). La contracara negativa es la mayor presión sobre los precios de los alimentos para el mercado local, en un contexto de inflación muy elevada.

Lorenzo: La suba en los precios de alimentos tiene 2 efectos contrapuestos muy interesantes. Por un lado, al ser exportadores de estos productos, mejora el ingreso relativo del país. Básicamente, nuestras exportaciones pueden comprar más bienes y servicios en el extranjero. Sin embargo, el conflicto distributivo alrededor de cómo administrar la mejora de términos de intercambio abre la posibilidad de un conflicto político. El balance creemos que es positivo. La suba de precios domésticos en consonancia con la mejora de los precios internacionales impactará negativamente sobre la inflación.

Menescaldi: Por la guerra, los precios del trigo ya se incrementaron 51% en el año, mientras que la suba del maíz se elevó al 24% y la de la soja, al 9%. Tomando ambos efectos, desde una salida exportadora agrícola en 2022 de US$32.200 millones prevista a fines de 2021, el fuerte incremento de los precios medios de 30% llevó a que las ventas externas previstas se ubiquen hoy en casi US$37.000 millones, incluso por encima de lo que ingresó el año anterior.

Giorgio: La suba de precios es una buena noticia para las exportaciones argentinas. Este año, más del 40% de las exportaciones de bienes estarán explicadas por los complejos sojero y maicero. Si bien es probable que los precios actuales estén mostrando un overshooting y terminen estabilizándose algo por debajo de sus niveles actuales, seguramente estarán por arriba de los proyectados a principios de año para los meses de cosecha gruesa. Si bien el precio del trigo acumuló una suba de más del 20% en la última semana, el impacto sobre las exportaciones argentinas es reducido porque la mayor parte de la cosecha ya se liquidó entre diciembre y febrero.


La incertidumbre financiera global


Borenstein: La incertidumbre global es un problema aunque hayan bajado los rendimientos de los bonos y la Reserva Federal suba solo un cuarto de punto el 16 de marzo. Esto es así porque crecen las probabilidades de que haya más inflación en el mundo desarrollado y también una recesión en algunos países clave, lo que impactará en el nivel de las exportaciones de la Argentina. Esto, a su vez, retroalimenta los problemas de balance de pagos y necesidad de acumular reservas.

Lorenzo: La Argentina está lo suficientemente desintegrada financieramente. No tendrá un impacto directo por el contexto de incertidumbre. No obstante, en un mundo interdependiente como el actual, el movimiento de capitales de otros países también nos afecta de manera indirecta. Por ejemplo, es esperable que las monedas de la región sufran una depreciación y, en consecuencia, perdamos competitividad con algunos rivales en el mercado mundial.

Pérez Duhalde: El conflicto ha elevado la incertidumbre global, traduciéndose en un incremento de la volatilidad financiera. En lo que hace al acuerdo con el FMI, el conflicto desafiará el cumplimiento estricto de las metas, toda vez que elevará la necesidad de dólares para importar energía y probablemente la necesidad de pesos para más subsidios ante la pauta de ajuste tarifario.

Menescaldi: Tras los efectos negativos que produjo la pandemia, es factible que la guerra provoque un retraso en el proceso de normalización así como un nuevo pico de inflación provocado por el incremento de los precios energético, en definitiva un shock de oferta. Frente a ello, las expectativas de inflación se han visto elevadas mientras que decae la expectativa de crecimiento. En ese contexto, es factible que la Fed decida continuar con el ajuste de la tasa de interés, pero de una manera menos agresiva. Eso es parte de lo que espera el mercado si uno observa los principales índices accionarios de los Estados Unidos, donde el deterioro en el Dow Jones (empresas tradicionales cuyo precio está fundamentado en las ganancias corrientes de las empresas / nivel de actividad) es mayor que el del Nasdaq (empresas tecnológicas cuyo precio está basado no en dividendos sino en el flujo futuro de ganancias descontado por la tasa de interés).


Problemas en las cadenas de suministros y en el abastecimiento


Elizondo: El mundo venía atravesando problemas de logística y transporte generalizados. Esto por la gran reacción post confinamientos generados por el Covid-19. Los cuellos de botella ya generaban problemas. Este conflicto puede afectar más a las cadenas de suministro (Rusia exporta US$380.000 millones anuales al mundo y, más allá de que buena parte es energía, también hay minerales o insumos que pueden impactar en Europa y Asia, sus grandes clientes) si se interrumpe su comercio. Además, están los problemas en los flujos de comercio impactados por las sanciones. Y el alza en el precio del petróleo encarece los costos logísticos. Y la incertidumbre mundial también. El costo de la logística y el transporte mundiales ya subía, y la sobredemanda afecta servicios. La inflación internacional influye también y no sabemos ahora si la Fed subirá las tasas como preveía.

Pérez Duhalde: El conflicto retrasa la normalización de las cadenas de suministro globales, que aún siguen golpeadas por el lockout producto del coronavirus, la crisis energética de 2021 y la continuidad de las medidas de aislamiento en Asia. El impacto directo se asocia al aumento en los costos de los fletes por el encarecimiento de los combustibles. Rusia y Ucrania son productores clave de insumos industriales como el paladio, el platino, el neón y el xenón, que son materias primas insustituibles para la industria automotriz y la de semiconductores. Esto le agrega un condimento más a la crisis que viene obligando a paradas de planta en las automotrices y dificultando la industria de electrónica.

Borenstein: En un mundo tan interconectado y que ya arrastraba problemas en muchas cadenas de valor, el conflicto armado y las sanciones a Rusia agregan vinagre en las heridas. El comercio entre la Argentina y los dos países beligerantes no es grande, pero los problemas se multiplican si por ejemplo cae la oferta mundial de fertilizantes o de trigo. Si a eso le sumamos fletes altos y los problemas de faltantes de chips, la canasta de insumos problemáticos se agranda.


El retorno de la inflación mundial


Elizondo: La gran pregunta: ¿puede todo esto (precios internacionales hacia arriba), además, generar una adicional presión al alza de la inflación? A esto hay que sumar los problemas políticos internos; altos precios internacionales de los granos (y la costumbre del Gobierno de desconfiar del acople de precios internacionales con los locales), pueden alentar una discusión interna con la producción. Lo que puede sumarse a la reedición de la discusión de “quién se queda con la renta extraordinaria” -que es hija de la voracidad fiscal y la necesidad de reducir el déficit.

Borenstein: Febrero ya arrancó con una suba de 5,1 a 5,8% en la eurozona y como viene la mano, marzo será más alto todavía dada la suba de precios de la energía. La clave será la duración del conflicto y las sanciones como así también la respuesta de la OPEP a los cortes de suministro de Rusia.

Giorgio: La mayor inflación global va a dificultar el proceso de moderación de la inflación local (contemplado en el programa con el FMI), y el flujo de capitales fuera de emergentes va a impactar en las monedas de varios de nuestros socios comerciales. Esto quiere decir que el Banco Central seguramente tendrá presiones para acelerar el ritmo de crawling-peg del tipo de cambio oficial. Si bien Argentina no tiene acceso a los mercados de crédito internacionales, varias empresas locales logran financiarse en el exterior. Con mayores tasas a nivel global, obtener financiamiento afuera se volverá más difícil. Será necesario un esfuerzo adicional para poder atraer inversiones, en particular hacia sectores estratégicos como el de hidrocarburos, que le permitiría al país reducir sus importaciones de gas en invierno.

Lorenzo: El mundo sufrirá por la inflación de los alimentos y la energía en un contexto donde el aumento de precios empezaba a preocupar a los bancos centrales. Una de las principales consecuencias será la de distinguir la inflación producto de problemas de oferta y como consecuencia de la invasión rusa, de la inflación por el manejo poco prudente de los instrumentos de política monetaria. Esto generará más desigualdad debido a que los países con historia inflacionaria tendrán que sobreexagerar en su política económica antiinflacionaria deprimiendo la actividad.

Menescaldi: Tanto las subas de los precios agrícolas como los energéticos incidirían en el corto plazo en los niveles de inflación global. De este modo, se prevé una aceleración de la misma en el corto plazo, con probabilidad de que las subas acentúen la inercia que venía operando en los mercados de bienes.

Pérez Duhalde: El conflicto entre Rusia y Ucrania llevará a un ajuste al alza de las previsiones de inflación producto de los impactos directos e indirectos de la suba de los precios de la energía (con el crudo jugando un rol clave en el mundo desarrollado) y los precios de alimentos, a lo que se suman otras presiones sobre los costos asociados a fletes y la logística

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